La Tercera Posición
Parte I: tipos de tercerismo y simbología

Parte II: terminología

Parte III: Europa




Como muchos podrán sospechar, la actual forma de contar los años no ha existido siempre. Para nosotros, el año 1 coincide con lo que el monje Dionisio el Exiguo estimó como la fecha del nacimiento de Jesucristo. Pero esto solo podía tenerse en cuenta después de su nacimiento y en las zonas de influencia directa del Cristianismo.
La cronología se establecía en función del origen de una sociedad, de ciclos solares, de lo que consideraban como el principio del mundo o de cualquier otra circunstancia lo suficientemente relevante como para situarla en el año uno.
En lo que todavía no era España, sino la Hispania romana, el año uno se estableció en el año 38 antes de Cristo. Se hizo así por decreto del emperador Octavio Augusto, que consiguió la definitiva pacificación oficial de la Península Ibérica en aquel momento. Corría para ellos el 716 ab urbe conditio, es decir, desde la fundación de Roma.
Aquella cronología se llamó Aera Hispanica, la Era Hispánica. Mantuvo su vigencia a lo largo de los siglos, si bien su uso no se generalizó hasta el siglo III después de Cristo (como indican unas inscripciones en Asturias), y su alcance llegó hasta la zona meridional de la Galia y el norte de África.
En la Hispania invadida por los musulmanes su influencia se limitó a las zonas de resistencia gracias al pueblo visigodo, que la usó como forma de entroncarse con la tradición hispanorromana. Los demás pueblos pasaron a usar la Hégira, o calendario musulmán, habiendo casos de inscripciones con doble datación: según la Era Hispánica y según la Hégira.
La España visigoda continuó usando la Era Hispánica incluso cuando el emperador Carlomagno impuso el uso de la Era Cristiana a toda Europa en el 801 d. C. Solo dejó de usarse algunos siglos después, como fruto de la definitiva cristianización de las Españas (la Iglesia prohibió el uso de la Era Hispánica en Cataluña en el año 1180 d. C.) y para facilitar la integración en Europa. Parece ser que el último reino en abandonarla fue Portugal en 1422 por orden del rey Juan I, haciéndolo el resto en el siglo XIV. Por supuesto, el abandono decisivo fue el de Castilla, donde las Cortes de Segovia decidieron en el 1421 de la Era Hispánica que oficialmente estaban en 1383.
Hay que reivindicar su uso. No ya como forma de superación del Cristianismo, como pueden argüir maliciosamente algunos. Para eso quedan todavía muchos años. Debe hacerse como forma de reconocer la importancia de la fecha que inicia la cronología, pues marca el auténtico inicio de la última civilización ibérica.
Tenemos por un lado que el Patriotismo no se limita a la construcción de un Estado sobre una identidad cultural, étnica o histórica determinada -entre otras cosas porque, sobre todo en España, eso es imposible. El patriotismo no implica nacionalismo-, sino que exige un proyecto común que sirva de elemento aglutinador por encima de lo material; y por otro que el Socialismo no es una doctrina exclusivamente económica, sino totalitaria -no en el sentido político-, porque su principal objetivo ha de ser la elevación del espíritu, y esto no se logra con juegos económicos. Siendo esto así, no estamos defendiendo una ideología -serie de ideas fundamentales sobre aspectos políticos concretos-, sino una cosmovisión, en tanto que es forma de ver e interpretar el mundo. (seguir leyendo)
En la actualidad se considera al hombre como un ser básicamente económico (homo oeconomicus), de lo que se deriva que el bienestar social se da en la medida en que la situación económica es buena. Dejar que el Socialismo caiga en la conceptología moderna –reducción a una visión economicista de la vida- es convertirlo en una reacción a lo preexistente, al tomar como suyas las definiciones creadas por aquello que combate...
(Continúa en Patria y Resurgir)
La Revolución: ámbito, etapas y pilaresA la hora de hablar de una revolución, como nota previa que determine el resto de la construcción teórica, primero, y práctica, después, hay que delimitar el ámbito en la que esta tendrá lugar y advertir que una revolución no debe ser nunca nacionalista, que en el concierto mundial constituye una forma de individualismo egoísta, sino patriota, que se traduce en la cooperación internacional que la haga tarea común, pues somos conscientes de que estamos en un orden mundial y que todo lo ajeno a él muere de abandono. Se trata, pues, de asegurar la subsistencia y de conseguir cambiar, ya no nuestra comunidad, sino todas (sigue leyendo)
El próximo dos de enero se celebrará, una vez más, la Fiesta de la Toma de Granada. Como es habitual, a este acto popular acudirán diversas organizaciones en apoyo de la Fiesta, entre las que se encontrarán algunos partidos extraparlamentarios a los que se denomina, usando mal el término en muchos de los casos, de “extrema derecha”.
A la honestidad de su intención primaria, que no dudamos, como es la de celebrar con la comunidad tan señalada fecha, fin de la Reconquista, se suma una serie de circunstancias que harán que, un año más, numerosos ciudadanos se vean desplazados de la plaza del Carmen a las calles circundantes o, directamente, a sus casas.
Porque los ciudadanos normales no gritarán “sieg heil” cada vez que haya un momento de silencio.
Los ciudadanos normales no insultarán al alcalde, a la policía y a los periodistas a pleno grito en mitad de la calle.
Los ciudadanos normales no irán allí a hacer campaña por ningún partido político ni por ninguna causa que no sea la de la Fiesta.
Los ciudadanos normales no querrán demostrar que su partido es el que más capacidad tiene para gritar.
Los ciudadanos normales no acudirán para salir al día siguiente por motivos ajenos a la Fiesta, brazo en alto y ocultando la verdadera noticia: un año más se ha celebrado.
Los ciudadanos normales no querrán ver banderas que no sean la nacional y la de Granada, nuestra Ciudad.
Los ciudadanos normales estarán allí para celebrar su día, la sagrada conmemoración de la gesta que supuso la Toma de Granada, para irse después de tapas con la familia. Así que pedimos a estos partidos que dejen sus campañas publicitarias para otros momentos más propicios y que, si vienen, lo hagan como ciudadanos normales: sin disfraces, banderas partidistas o consignas desubicadas.
DESPIERTA PUEBLO. LEVÁNTATE Y GRITA HORRORIZADO LOS MALES DE LA PATRIA.